No saludar en la oficina es de cromañones

A mí me encanta que me saluden los compañeros al entrar. Un “¡Buenos días!” es primordial, sobre todo un lunes por la mañana, cuando vamos con el tiempo pegado al culo, pensando que no vamos a llegar jamás porque da la puñetera casualidad de que a todo el mundo se le ha ocurrido salir a la misma hora que tú de casa. Subes corriendo a la oficina. Entras por la puerta y caras sonrientes te dicen “¡Buenos días!” “Qué tal el fin de semana” da gusto.

Porque no se a vosotros, pero a mí que no me miren, que no sepas si un compañero está o no está y tienes que asomar la gaita por la puerta para ver si la llamada de teléfono urgente que no puede esperar y que es de vida o muerte, puede ser atendida por el compañero que da la casualidad que no está en la oficina “se ha ido” sin decir nada a buscar a su mamá como Marco con el mono.

Bueno, están también los que avisan por correo electrónico diciendo que se tienen que ir y no van a estar por la mañana. Y digo yo. ¿No es más agradable decirlo en persona? No palabras. Señas y gruñidos. Y alguna que otra subida de tono también.

Volvemos al Cromañón. En vez de email usaban señales de humo. ¡Qué triste! menos mal que hay compañeros cívicos que no han perdido la esencia de Loewe.

A todos ellos, ¡gracias por animar la existencia!

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